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Presentación del artista Chema Rodríguez

El pasado jueves 25 de octubre, el pintor español Chema Rodríguez, pintor sevillano y retratista de algunas casas reales, presentó en la galería de arte Baga 06, la exposición “6 Toreros 6”, en la que refleja parte del trabajo que ha realizado en sus años de carrera.

En esta exposición, dos bloques de pinturas basados en la figura humana y relacionados al arte de la tauromaquia, reflejan su técnica precisa y las emociones del ser humano.

Chema, como sus amigos lo llaman, retratista del Rey Felipe VI de España, entre otras personalidades de la realeza, define su pasión como una salvación del trabajo personal, en el que descubre las luces y sombras y personalidades de quien ha dejado inmortalizados en una obra artística.

Con su personalidad vivaz y encanto único, Chema Rodríguez ofreció a los invitados de su gran noche en México, una fugaz vista a su pasión más profunda:-el arte- y una mirada a otra de sus grandes cualidades- la música-, deleitando a sus invitados con un concierto improvisado de cantos sevillanos al compás de su guitarra.

Chema Rodríguez (Sevilla, España, 1976)

“El ejercicio de la pintura es algo que difícilmente puedes cesar: se interioriza y lo incorporas a la vida diaria. Tanto es así que te sorprendes tonteando con el dedo índice sobre un mantel de papel, en una tasca, como si la trayectoria de los movimientos de la mano pudiera dejar el rastro que sin duda es el dibujo. Todo ocupa la relevancia precisa. Y al final, todo es pintura”.

“No puedo recordar cuándo me inicié en el arte, ni siquiera lo reconozco como una opción. Mis padres nos rodearon de música y poesía, de sus cuidados y su cariño, ¿cómo no iba a dejarme modelar de esa manera? Nada fue impuesto, y de este modo, entre juegos, el dibujo se fue aproximando a la pintura”.

“Los demás, desde la escuela, decidieron que yo era pintor, ¡y yo mismo no lo sabía!. Los profesores supieron estimular esta sensibilidad y así estudiar Bellas Artes, en la Universidad de Sevilla”.

“Los años de carrera me lanzaron a un mundo que jamás hubiera esperado: el Madrid de ARCO y de El Prado. El Museo Reina Sofía y los de otras capitales europeas, repletos de colecciones que me parecieron toda una revelación. Esto encendía a mis compañeros. Los profesores nos cincelaron a su imagen y semejanza, nosotros -sin experiencia- pensábamos de forma arrogante que sólo nos acompañaban…”

“En el ecuador de la formación universitaria me becaron a Perugia. Casi fui sin conciencia de lo que iba a significar para mi alma. Italia me dejó sumido en un largo año de Síndrome de Stendhal, casi no diferenciaba a Piero della Francesca del Bernini. Y poco daba. Finalmente, todo calaba en el ADN, y Bellini se colaba por mis rincones, como de Chirico y Carlo Carra. ¿Qué podía hacer sino dejarme? Assisi, Spello, Spoleto. Siempre Venecia y siempre Roma. A veces Florencia y de repente Bolonia. Nunca superaré la belleza de Villa Adriana. Podría haberme quedado para siempre en el corazón verde de Umbria…”

“Conseguí un hueco en la difícil tarea del oficio. Decidí mantenerme fiel a pesar de necesitar un lenguaje tradicional, a pesar de la pasión por el dibujo analítico, incluso a pesar del rigor por los materiales de siempre. Nunca he sabido hasta cuándo podré seguir a contracorriente, con el trauma del desahuciado por lo políticamente correcto en el Arte Contemporáneo”.

“Escribir la Tesis Doctoral sobre el dibujo de Balthus me re-conectó con el espíritu investigador universitario y aún siento la protección de mi maestro mientras pinto…”

“Desde el origen a hoy, poco ha cambiado. Pintar y pintar y probar a vivir intensamente. Agradezco compartir este sueño con mi familia y amigos. ¿Y en los retratos que pintó? pruebo a dejar una estela de eternidad que me de pistas para crecer y seguir creciendo.”